Y por cada una de esas marcas, una experiencia.
Son ellas, las cicatrices que te acompañarán toda tu vida y serán ellas las que te recordarán, al contemplarlas, el motivo por el que están allí. Restos de una batalla que nos demuestras que nuestro ser, nuestro escudo, no es indestructible. Esas heridas que evocan un pasado, un recuerdo, que marcó en tí, en tu piel o en tu corazón, su paso. Esas marcas que te demuestran que eres fuerte, y que aún puedes comerte el mundo.
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